51 Aniversario
Este jueves 6 de agosto del 2020 en punto de las 16:00 hrs (México), conmemoramos 51 años organizativos de las Fuerzas de Liberación Nacional. Te invitamos a ver la transmisión en vivo.
Este jueves 6 de agosto del 2020 en punto de las 16:00 hrs (México), conmemoramos 51 años organizativos de las Fuerzas de Liberación Nacional. Te invitamos a ver la transmisión en vivo.
Este jueves 6 de agosto del 2020 en punto de las 16:00 hrs (México), conmemoramos 51 años organizativos de las Fuerzas de Liberación Nacional. Te invitamos a ver el siguiente vídeo:
Este 1º de julio, festejamos el cumpleaños 231 de Xavier Mina. En esa lucha constante de hacer todo lo que nos une y nada que nos separe, éste 2020 unos y otros, en diferentes momentos, nos ha tocado sufrir la “cuarentena” por el Virus SARS Cov 2 Covid-19, pero eso no nos detiene, seguimos en el constante llevar adelante nuestra lucha y en ésta ocasión la Casa de Todas y Todos, realizamos un pequeño Video/Regalo para la memoria e historia de Fray Servando Teresa de Mier y Xavier Mina. Mexicano Novohispano y Navarro que tenían un solo ideal…. Luchar por ¡Independencia, Salud y Libertad!
¡Gora Mina!
¡Gora Fray Servando!
Julio enmarca también muchos otros acontecimientos históricos para la casa de todas y todos, hace 49 años pasamos el bautizo de fuego, aunque no éramos delincuentes, ni había nada que nos señalase como tales, fuimos denunciados y los policías mexicanos, siempre corruptos, se llevaron la sorpresa de su vida. Y aún descubiertos…..seguimos adelante.
Hace 20 años un 1º de julio se
inauguró nuestro edificio actual (que por cierto es un sitio histórico pues de
ahí salieron los primeros compañeros en 1969 hacia la selva Lacandona), la Casa
del Dr. Margil, ahora Casa de Todas y Todos. Por la digna historia que guarda
en sus paredes, ha sido tratada de destruir en varias ocasiones, pues ahí bajo la sombra del centenario árbol
que nos sirve de logotipo, los compañeros fundadores escondieron las primeras
armas y se trasladaron a cumplir con su deber histórico con nuestro pueblo de
¡Vivir por la Patria! o ¡Morir por la Libertad!, y hasta la fecha esa es la
consigna y seguimos adelante.
Hace 7 años salió a la web,
nuestra página de información y propaganda lacasadetodasytodos.org,
esperamos mejorarla siempre y que sea enriquecida con sus colaboraciones, esa
ha sido nuestra misión, y por último,
aunque siempre es lo primero, en julio es el aniversario de nacimiento de
nuestro compañero Héctor, que integró el primer núcleo de combatientes en entrenamientos
en la selva. Hoy somos miles, en pocas palabras, una felicitación a todas y
todos ustedes queridas hermanas, y hermanos y no desmayéis.
¡Adelante, ¡Aurrera!, ¡Hasta la victoria Siempre!
¡Vivir por la Patria! o ¡Morir por la Libertad!
Grupo Editorial de la Casa de Todas y Todos.
Editorial Junio, 2020
Desde el
año de 1971 en la Casa de todas y todos, así en el México que lucha, no
olvidamos los junios: son las agresiones a nuestro pueblo que reeditamos en
nuestra conciencia social lo que nos da fortaleza para seguir adelante. En este
junio un hecho poco usual, una pandemia, nos mantiene unidos, y no es la
primera vez que un evento de dimensiones trascendentes – como los
terremotos- nos une. Miles de muertes y
regiones incomunicadas para no propagar la epidemia es parte de la estrategia
médica, que no debe de detenernos: a
pesar de la distancia y la pérdida de contacto, por medio de la conciencia
debemos acercarnos, desarrollando las labores de preparación que son necesarias
para toda acción: la preparación y el estudio.
Si bien,
en la medida de lo posible, el pueblo trata de mantenerse en casa y no
reactivar la vida social, se avisora ya el afán de lucro del sistema económico
que padecemos: los grandes laboratorios que se frotan las manos en espera de
los medicamentos y equipos médicos de elección para atacar la enfermedad, que
seguramente ellos venderán. De esto y otros males sociales seguiremos hablando
en otros editoriales.
En este junio
no debemos de olvidar el racismo. Ese flagelo que como virus permanece oculto en
las conciencias. Tiene una raigambre milenaria: el ver al otro como inferior
por su color de piel, por su lenguaje extraño, por su indumentaria, son
manifestaciones que se han repetido en amplios periodos del andar humano. Y sin
embargo, es en el periodo regido por el capitalismo que el racismo ha sido un
componente ideológico desde el cual se ha justificado el genocidio, la
esclavitud, la explotación y la expoliación de territorios y pueblos enteros.
Desde el viejo discurso del racismo, se explota laboralmente, se ofrecen peores
salarios, se obliga a jornadas laborales
más intensas.
Lo que
hoy observamos que pasa en los EEUU, fuertes protestas contra los departamentos
de policías y otras instituciones de gobierno, no solo se explican por la
brutal ejecución ilegal, ilegitima y publica de George Floyd, sino por la
cultura sistémica de brutalidad policiaca e impunidad que ha tenido un costo
inmensurable en el asesinato de miles de negros, hispanos e inmigrantes en manos
de policías blancos racistas.
Las policías locales de las ciudades gringas, los sheriffs, los Texas Rangers, la patrulla fronteriza, ICE, los Federal Marshalls, la DEA, el FBI, el Servicio Secreto, la Guardia Nacional, entre otros han estado vinculados históricamente a dos sistemas de control social, la criminalización de pueblo pobre y de color, y a la militarización de la estrategia de control policiaco civil. Y con ellos, han reventado cualquier intento de rendición de cuentas (police accountability) por parte de la ”sociedad civil” o aun del congreso de los EEUU, y han violado sistemáticamente los derechos civiles y humanos de los sectores controlados.
Y el
resultado de esta cultura de abuso intencional e institucional es que el 99.99
de los crímenes cometidos por estas policías queden impunes, y aun justificados
por un sistema de cortes locales, estatales y federales (controlados por jueces
blancos) que han completamente abandonado a las víctimas. La acumulación de estas ofensas, y agresiones
han resultado en el hartazgo que es hoy evidente y en la reacción popular se da
en forma de disturbios, incendios y enfrentamientos contra fuerzas policiacas
en todo el país, en ciudades como Minneapolis, Chicago, Los Ángeles, San
Francisco, Atlanta, Filadelfia, Nueva York, Houston, Dallas, El Paso, Salt Lake
City y otras grandes ciudades norteamericanas, llegando anoche a la Casa
Blanca, cuya entrada principal fue incendiada, mientras el presidente se
escondía en el Bunker.
Entonces
la historia parece repetirse, y de que nada de esa agresión racista ha
cambiado. Hoy recordamos los alzamientos populares de Watts, o de cuando
asesinaron al líder Luther King, en los años 60s, luego los del año 1992,
cuando los policías responsables de golpear sin clemencia a Rodney King fueron
exhonerados. Hoy recordamos a Eric Garner, a Juan Patricio Peraza, a Michael
Brown, a Esequiel Hernandez, a Trayvon Martin, Sergio Adrian Guereca, a Tamir
Rice, a Philando Castile, a los niñ@s Felipe, Jakelin, Roberto y centenas más de ciudadanos
afrodescendientes y migrantes que, en el marco de la impunidad, el supremacismo
blanco, y el racismo estructural, han muerto a manos de la policía
norteamericana.
El
cobarde, inepto, mentiroso y bocón presidente de los EEUU ha anunciado que
busca declarar a quienes participan en las estas protestas como terroristas, poniendo
en claro el carácter fascista de su propio gobierno, algo que el imperialismo
norteamericano había procurado anteriormente ocultar o disfrazar.
Todas
estas acciones de protesta, plenamente justificadas en su forma y en su fondo y
arropadas con el apoyo y la solidaridad de los pueblos oprimidos en todo el
mundo, resultarán seguramente insuficientes: falta conocer al sistema
imperialista y promover la unidad de los trabajadores del mundo, para que desde
un mismo frente actuemos contra el imperialismo global. Ante las guerras de
conquista, invasiones, asesinatos masivos, perpetrados por el imperialismo, cada
país presenta una serie de problemas urgentes por resolver, y cada pueblo trata
de resolverlos con los fundamentos históricos a su alcance. Pero el combate al
imperialismo, debe de hacerse en coordinación, entre todos los pueblos de la
tierra. Esa ha sido nuestra búsqueda desde hace un poco más de 50 años de
existencia.
George Floyd murió ahogado por un policía de Minneapolis: “I can’t breathe” – “no puedo respirar”- fueron sus últimas palabras. El ahogo del racismo, el ahogo del encierro sanitario, el ahogo de esta pandemia en el cuerpo de nuestros pueblos, pasará: el imperialismo será derrotado, el racismo será borrado, la salud será un derecho y la enfermedad será un hecho natural, no una condena social. Ese futuro ha sido nuestra razón, desde hace poco más de 50 años de existencia.
En este
mes de junio, debemos recordar al compañero fundador de nuestra organización, Manolo, nacido
en Junio, a la compañera Ruth, a los
jóvenes estudiantes mártires del 10 de junio, y ahora agregar con tristeza a
los miles de víctimas de la pandemia.
¡Nosotros no olvidamos!
¡Vivir por la Patria! o ¡Morir por la Libertad!
Grupo Editorial de la Casa de todas y todos.
Recibimos la siguiente Corresponsalía del Centro de Estudios de la Casa de los Pueblos.
Oaxaca, México, abril del 2020.
Semanas de trabajo cooperativo, organizativo…Y la lucha sigue.
Compañeras, Compañeros, Compañerxs; además de saludarles, queremos informarles
como hemos decidido enfrentar la crisis de enfermedad por la que atraviesan los
mundos.
Primero. Estamos conscientes, en diferentes momentos de la historia, los
pueblos hemos tenido que enfrentar múltiples epidemias.
Durante la invasión y saqueo de los pueblos de américa por los europeos en el siglo XVI: la viruela, el tifo, el cólera y la sífilis, provocaron una hecatombe demográfica.
En 1812, durante la guerra de independencia, se diseminaron intencionalmente la fiebre y el tifo para diezmar las rutas y sitios de las tropas insurgentes comandadas por José María Morelos.
En Oaxaca, entre 1750 y 1880, se sucedieron plagas y epidemias que diezmaron
poblaciones y reorganizaron la distribución de los pueblos, los circuitos
mercantiles y las relaciones con las ciudades.
De 1882 a 1921, encontramos registro de las siguientes epidemias: cólera en
Chiapas, Oaxaca y Tabasco de 1882-1883, en 1915 el istmo de Tehuantepec; fiebre
amarilla en Sinaloa en 1889, 1902 y 1903; peste bubónica en Baja California y
Sinaloa en 1902-1903, en Mazatlán el registro fue de 529 muertes; fiebre
amarilla en Veracruz entre 1903 y 1905, tuberculosis en 1907, sífilis en 1908,
en 1910 sarampión; tifo en el centro-sur, incluida la capital de la república
en 1911, 1915 y 1916. En el primer semestre de 1915 el panteón de Dolores
registró 9,788 entierros y para 1916 se tenía un registro de 12,149 muertes en
la capital; en 1918 la influenza española dejó 500,000 muertos más, en el país.
En relación con las epidemias, los mecanismos de inmunización eran y sieguen
siendo precarios y eran y siguen siendo parte del escenario de guerra. Las
enfermedades repuntaban por ciclos y se recrudecían según la temporada del año:
en frío aumentaba el tifo, con calor aumentaban el cólera, dengue y paludismo.
El hambre era y sigue siendo permanente.
Diferentes misivas de generales revolucionarios y de familiares de Emiliano
Zapata permiten conocer que de 1914-1915 él estuvo enfermo de algún
padecimiento prolongado, que no impidió que la revolución siguiera en
movimiento (Pineda, 2013: 56-110).
La revolución del sur generó uno de los más grandes proyectos de salud
comunitaria y asistencia a heridos en combate. La medicina de guerra desde
abajo, desde las prácticas históricas de los pueblos insurrectos, desde los
contingentes de trabajadores de la salud, en las columnas y en los pueblos, en
las montañas y los trenes, en el territorio cuerpo de las personas y en el
territorio insurgente, operaba con un plan general que organizaba los centros
de atención y los hospitales desde la perspectiva revolucionaria para cubrir el
territorio liberado. Otra experiencia similar en la historia es el
tren-hospital de la División del Norte.
El Ejercito Libertador del sur tenía como
prácticas de sanidad y atención, la
canalización de enfermos y heridos a
hospitales de campaña instalados en Cuernavaca,
Cuautla, Toluca y México; tenía enfermerías en Jojutla y Chiautla, así como
puestos de socorro en Huitzilac, Peñón Viejo,
Iztapalapa, Mexicaltzingo, San Mateo y
Topilejo, atendidos por médicos, pasantes, estudiantes de medicina,
enfermeras y enfermeros, por mujeres, hombres, niños y ancianas que sumaban
colectivos, recolectaban, transportaban y eran correos entre los pueblos. Se
formaban brigadas sanitarias que también eran comandadas por mujeres como María
Guadalupe Muñiz y Dolores G. Pliego que luchaban por el cumplimiento del Plan
de Ayala (Pineda y Castro, 2013: 214).
Se colectaban cargas de maíz, ropa, leña, vendajes, medicamentos para los
heridos, zacate y cobertores para los hospitales, con obreros y campesinos en
Contreras y Morelos. En los diferentes rumbos del territorio se sentaron
precedentes del futuro sistema de derecho a la salud que se irá construyendo a
pesar de todos los obstáculos del poder. Es así, un aporte de los pueblos, no
del Estado.
Emiliano Zapata atendió con mucha dedicación las tareas para resolver las necesidades del colectivo social: auxilio económico, víveres, vestimenta y semillas para sembrar; abasto de leña, forraje y aparejos; resolución de diferendos sobre tierras, chinampas, bosques, agua, ganado, herencias y casas habitación; impartición de justicia, asuntos judiciales, funcionamiento recto de los ayuntamientos, educación y salud; operación de caminos, correo, telégrafo y ferrocarril; comercio, producción de las fábricas de azúcar, fábricas textiles y fábricas de papel, minas, construcciones.
Cuando hay una crisis, una guerra, enfermedad, quienes padecemos los nuevos mecanismos de control y segregación impuestos por el poder y quienes ponemos los muertos, somos nosotros, los pueblos. Como somos los pueblos los que, a pesar de la precarización y represión generamos alternativas que construyen vida.
Hoy como ayer insistimos, como nos enseñó Zapata; las necesidades del colectivo social se resuelven con organización y lucha; construyendo salud comunitaria, construyendo Autonomía, sembrando la tierra, compartiendo los frutos de la siembra y el trabajo colectivo, que hermana, que nos hace compañeros.
Centro de
Estudios de la Casa de los Pueblos.
Recibimos la siguiente Corresponsalía del Centro de Estudios de la Casa de los Pueblos, al propósito de la pandemia de 1918.
Las condiciones de
vida y las condiciones de la guerra.
El poder hegemónico históricamente ha tenido
prácticas de dominación y escarmiento recurrentes sobre tierras, cuerpos y
símbolos, como el incendiar pueblos, apropiarse de las cosechas, destruir la
base agrícola de subsistencia, separar la cabeza, desmembrar y mutilar el cuerpo
en secciones cardinales, precarizar la vida hasta la hambruna y propagar
epidemias, elaborar discursos, generar imágenes o versar la mentira y la
calumnia en la historiografía, recurriendo a conceptos racistas, criminalistas,
burlescos y denigrantes, para minar y descalificar los procesos
revolucionarios.
El genocidio, el etnocidio, el epistemicidio y
el ecocidio son también mecanismos que el poder genera para intentar derrotar
la voluntad de lucha de los pueblos.
Durante la conquista europea de los pueblos y
naciones históricas en el siglo XVI, la viruela y sífilis provocaron una
hecatombe demográfica, en 1812, durante la guerra de independencia, se
diseminaron la fiebre y el tifo para diezmar las rutas y sitios de las tropas
insurgentes, durante la revolución estas enfermedades tienen repuntes a grado
de epidemia que cobraban la vida de cientos de miles, principalmente en las
zonas pobres del campo y la ciudad. Con ese pretexto se formularon mecanismos
de control y segregación.
El registro de esperanza de vida en 1910 era
de casi 30 años (Bravo y Reyes, 1958, p. 81), México tenía 15.16 millones de
habitantes, el 42% de la población era menor de 15 años y sólo el 2% mayor de
65 años (DGE, 1918), el mayor número de muertes durante la revolución fue
particularmente en menores de 14 años.
El censo de población de 1921 registra 14.33
millones de habitantes[1]; a
pesar del subregistro de morbimortalidad, se estima que la revolución tuvo
entre uno y dos millones de muertos, según los datos censales, hubo ochocientos
veinticinco mil muertos registrados en diez años de guerra, esto es 226 muertes
al día.
La pobreza, el hacinamiento, las condiciones insalubres y miserables en las que se vivía en las periferias de las ciudades, en barrios como Tepito, La Merced, Peralvillo, Los portales, donde no se tenía drenaje ni luz y el agua potable que se consumía tenía impurezas biológicas, bacterias patógenas, parásitos intestinales, virus y químicos que provenían de aguas negras, aunados a la desnutrición crónica fueron determinantes en la proliferación de enfermedades infectocontagiosas como paludismo, viruela, escarlatina, tuberculosis, tifoidea, sarampión, tos ferina, tétanos, rabia, dengue, fiebre amarilla, peste, tifo, cólera, poliomielitis, difteria, encefalitis, influenza española, entre otras que son un indicador de la pobreza y marginación en que vivía el 90% de los habitantes, en esas condiciones debía continuar el trabajo y la lucha de los campesinos sin tierra, peones acasillados, obreros, costureras o lavanderas que trabajaban jornadas extenuantes en condiciones deplorables.
En promedio “cada persona consumía 13 kilos
de azúcar al año, 24 de arroz y 2 kg de frijol” (Valadés,
1987, p. 119), los salarios cuando había, eran miseros, una mujer se vendía
por 6 centavos y un hombre por cinco pesos; lo que nos habla de una política de
control, explotación, segregación, acaparamiento y usura para el exterminio de
la población.
Entre las principales epidemias registradas entre 1882 y 1921 encontramos cólera en Chiapas, Oaxaca y Tabasco (1882-83), el istmo de Tehuantepec (1915), fiebre amarilla en Sinaloa (1889, 1902 y 1903) (Carrillo, 2005, p. 1050), peste bubónica en Baja California y Sinaloa en 1902-1903, en Mazatlán el registro fue de 529 muertes (Carrillo, 2002, p. 74; Ydirin, 2018, p.11), fiebre amarilla en Veracruz (1903-05), tuberculosis en 1907, sífilis en 1908, en 1910 sarampión, tifo en el centro-sur incluida la capital de la república en 1911, en 1915 y 1916. En el primer semestre de 1915 el panteón de Dolores registró 9, 788 entierros y para 1916 se tenía un registro de 12, 149 muertes en la capital (Molina, 2015, p. 1205); en 1918 la influenza española dejo 500,000 muertos más en el país (Ydirin, 2018, p. 12)
En 1891 el director del Hospital Militar, el
general Alberto Escobar, da instrucción para que la Secretaría de Guerra cree
la Carta Geográfica Médico Militar como un asunto de estrategia militar.
En 1907 el Estado Mayor publica un ensayo de geografía médico militar que
identificaba la etiología conocida o probable de las enfermedades, con ellos
los generales identificaban sitios de mayor riesgo, los recursos materiales y
personas involucradas (Carrillo, 2002, p.72).
Cuerpos de campesinos
y obreros, territorios de lucha.
En un contexto de guerra, la salud fue vista en
términos higienistas con un modelo militar de salud pública centralizada a
través del Consejo Superior de Salubridad y de las juntas de sanidad, cuya
política genocida, racista y de exterminio, utilizó medidas de control
poblacional mediante la detección y aislamiento de los enfermos, se les buscaba
casa por casa para la reclusión en cuarteles, cárceles, nosocomios, lazaretos,
viviendas.
Se incendiaban casas y pueblos enteros como
medidas de control social, Tepalcingo, Jojutla, Xalatlaco, Tilzapotla fueron
arrasados completamente bajo esta lógica, mientras que en la capital durante
1915 había 11, 197 personas recluidas en los nosocomios: Hospital General,
Hospital Tlalpan, Lazareto S. Joaquín, Hospital Militar (Molina, 2015, p.1219-1221).
En relación con las epidemias, los mecanismos
de inmunización eran precarios eran parte del escenario de guerra, los ciclos
de repunte de las enfermedades se recrudecían en diferentes temporadas del año,
en frío aumentaba el tifo, con calor aumentaba el cólera, dengue, paludismo, el
hambre era permanente; los grupos más vulnerables fueron los menores de un año
y las mujeres.
En 1900 estados como Querétaro, Puebla,
Oaxaca, Moleros tenían un promedio de 580 muertes por cada 1000 nacidos vivos
en el primer año de vida[2] (Ávila, 2015, p.417 e
INEGI, 1995, p. 62-71), para 1915 el índice de mortalidad aumentó, el
sarampión y la viruela, habían diezmado a la población. En Puebla se
registraron 999 muertes por tifo en 1915 y 1076 en 1916, del total de muertes
el 69.5% eran mujeres (Molina, 2015, p. 1201).
Diferentes misivas de generales
revolucionarios y de familiares de Zapata permiten conocer que entre 1914-1915
él estuvo enfermo de algún padecimiento prolongado que no impidió que la
revolución siguiera en movimiento (Pineda, 2013, p. 56-110).
La revolución del sur generó uno de los más
grandes proyectos de salud comunitaria y asistencia de heridos de combate, la
medicina de guerra, desde abajo, desde las prácticas históricas de los pueblos
insurrectos, desde los contingentes de trabajadores de la salud, con un plan general que organizaba los centros de
atención y hospitales desde la perspectiva revolucionaria para cubrir el
territorio liberado, en las columnas y en los pueblos, en las montañas y los
trenes, en el territorio cuerpo y en el territorio insurgente, otra experiencia
necesaria en la historia es el tren-hospital de la División del Norte.
El Ejercito Libertador del sur tenía prácticas
de sanidad y atención, canalización de enfermos y heridos a hospitales de
campaña instalados en Cuernavaca, Cuautla, Toluca y México, tenían enfermerías
en Jojutla, Morelos, Chiautla y puestos de socorro en Huitzilac, Peñón Viejo,
Iztapalapa, Mexicaltzingo, San Mateo y Topilejo, atendidos por médicos,
pasantes, estudiantes de medicina, enfermeras y enfermeros, por mujeres,
hombres, niños y ancianas que sumaban colectivos, recolectaban, transportaban y
eran correos entre los pueblos, se formaban brigadas sanitarias que también
eran comandadas por mujeres como María Guadalupe Muñiz y Dolores G. Pliego que
luchaban por el cumplimiento del Plan de Ayala (Pineda y
Castro, 2013, p. 214).
Se colectaban cargas de maíz, ropa, leña
vendajes, medicamentos para los heridos, zacate y cobertores para los
hospitales con obreros y campesinos en Contreras y Morelos (Pineda, 2013, p. 109-116). En los diferentes rumbos
del territorio se sentaron precedentes del futuro sistema de derechos a la
salud que se irá construyendo a pesar de todos los obstáculos del poder, es
así, un aporte de los pueblos no del Estado.
Pero, además, Emiliano Zapata atendió con
mucha dedicación las tareas para resolver las necesidades del colectivo social:
auxilio económico, víveres, vestimenta y semillas para sembrar; abasto de leña,
forraje y aparejos; resolución de diferendos sobre tierras, chinampas, bosques,
agua, ganado, herencias y casas habitación; impartición de justicia, asuntos
judiciales, funcionamiento recto de los ayuntamientos, educación y salud;
operación de caminos, correo, telégrafo y ferrocarril; comercio, producción de
las fábricas de azúcar, fábricas textiles y fábricas de papel, minas,
construcciones.(Pineda, 2016, p.12)
En el contexto de estas gestas revolucionarias, en
medio de las epidemias y la gurra, en torno a las posibles y no sólo deseables
transformaciones de las relaciones sociales, dice el PLM en el Manifiesto del
23 de septiembre de 1911:
“El robo, la prostitución, el asesinato, el
incendiarismo, la estafa, productos son del sistema que coloca al hombre y a la
mujer en condiciones en que para no morir de hambre se ven obligados a tomar de
donde hay o a prostituirse, pues en la mayoría de los casos, aunque se tengan
deseos grandísimos de trabajar, no se consigue trabajo, o es éste tan mal
pagado, que no alcanza el salario ni para cubrir las más imperiosas necesidades
del individuo y de la familia, aparte de que la duración del trabajo bajo el
presen- te sistema capitalista y las condiciones en que se efectúa, acaban en
poco tiempo con la salud del trabajador, y aun con su vida, en las catástrofes
industriales, que no tienen otro origen que el desprecio con que la clase
capitalista ve a los que se sacrifican por ella.[3]
Para quienes tienen interés o formación en el campo de la salud, nos queda la tarea de rescatar de la memoria de los pueblos, la historia de la construcción de la salud como un derecho, como un bien social que se logra con libertad política y económica, con la posesión de la tierra y la justicia, con un proyecto revolucionario que asegure el bienestar económico, político, cultural, social, ambiental de todo un pueblo.
[1] DGE. Según el Tercer
Censo de población de los Estados Unidos Mexicanos en 1910 había 15, 160,369
habitantes y en el Censo General de Habitantes de 1921 se registran 14, 334,
780 habitantes.
[2] Brena,
en Atención a la salud en la época porfirista, señala que fallecían 572 por
cada 1000 niños antes de cumplir el año de edad, en Querétaro 677, en Puebla
491, mientras
que la tasa de mortalidad infantil nacional en 1900 era de 288.6 y en 1909 de
301.8 (Narro, 1984, p. 641).
[3] Regeneración 1911.Los Ángeles, Estado de California, Estados Unidos
de América, a los 23 días del mes
de septiembre de 1911. Rúbricas de Ricardo
Flores Magón, Librado Rivera, Anselmo L. Figueroa, Enrique Flores Magón En: https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/6/2625/54.pdf
El virus que se distribuye en el mundo, no es el único
que en la historia ha provocado debacles. La
pandemia de influenza de 1918, conocida como “gripe española” o “influenza
española” ocurrió durante la Primera Guerra Mundial (Guerra de rapiña y
despojo, guerra de unos cuantos países “poderosos” buscando sojuzgar y sacar
ganancia de los más pobres); en ese entonces los espacios reducidos y cerrados
y los movimientos masivos de tropas, sobre todo las tropas estadunidenses,
ayudaron a impulsar la propagación de la enfermedad.
Se estima que alrededor
de 500 millones de personas, o un tercio de la población mundial, se infectaron
con ese virus, y el número de muertes en todo el mundo se estimó en al menos 50
millones.
Hubo 3 momentos que se
reconocen de esa pandemia, el primero se detectó en campamentos militares, pero
a los Estados Unidos y otros países involucrados en la guerra no les convenía
informar sobre la gravedad de ese virus pues le interesaba mantener la moral
alta entre la población. Pero la segunda
ola, (algo así como fase 2), surgió en Camp Devens, (campo de entrenamiento del
Ejército de los EE. UU. en las afueras de la ciudad de Boston) y en una
instalación naval en esa ciudad. Entre septiembre y noviembre murieron más de 100 000
personas en los EE. UU. en octubre de ese año.
El tercer momento, comenzó
a principios de 1919, duró toda la primavera y causó incluso más casos de
enfermedad y muerte. En nuestro país, México, es sabido que desde 1914 se sufría de una gran escasez de agua y comida.
La crisis económica estaba latente pues fue una época donde las vías
ferroviarias, que era el medio para movilizar tropas y mercancías se vieron
afectadas por el desarrollo de la lucha revolucionaria. Eso provocó que el
traslado de las mercancías fuera muy costoso, provocando escasez de agua y
comida. Nuestro pueblo mexicano, ante todas las circunstancias nacionales o
internacionales, se ha mantenido en lucha.
Para 1918, nuestro General Emiliano
Zapata presentó un “Manifiesto a los habitantes de la República” en el
Cuartel General de Tlaltizapan, Morelos, el 16 de febrero de 1918.
“La revolución se propone: redimir a la raza indígena, devolviéndoles sus tierras, y por lo mismo, su libertad; conseguir que el trabajador de los campos, el actual esclavo de las haciendas, se convierta en hombre libre y dueño de su destino, por medio de la pequeña propiedad; mejorar la condición económica, intelectual y moral del obrero de las ciudades, protegiéndolo contra la opresión del capitalista; abolir la dictadura y conquistar amplias y efectivas libertades políticas para el pueblo mexicano.”
(,,,)
Y
ante esa situación, señala el Manifiesto….
“La
Revolución del Sur carece de fines personalistas. El Plan de Ayala que le sirve
de bandera sólo persigue mejorar la clase proletaria; impedir que el rico
explote al que tuvo la desgracia de haber nacido pobre; devolver a éste lo que
injustificadamente le ha sido quitado por hacendados y caciques y otorgarle un
pedazo de tierra en su Patria, a que indiscutiblemente tiene derecho como
mexicano […].
Los
artículos de primera necesidad se agotan, a tal grado que el hambre ha llevado
el luto y la desolación a muchos hogares de inocentes que tienen derecho a
vivir […].
Prolongar
esta situación por más tiempo, las enfermedades y miserias irán en progresión
creciente y los que ayer permanecieron indiferentes, desprovistos de ideales
revolucionarios, hoy, contrariando sus inclinaciones, se verán obligados a engrosar
las filas del enemigo, para alivio de sus males y satisfacción de sus más
imperiosas necesidades […].
Inspirado
en las ideas de patriotismo y de justicia, con que siempre he sellado mis actos
y penetrado de las amarguras por que atraviesa la República, os invito para
que, eliminando toda idea personalista, ayudéis a luchar por la salvación de
este suelo que nos vio nacer.
El General en Jefe Emiliano Zapata”
“Manifiesto a los habitantes de la
República” cuartel general de Tlaltizapan, Morelos, 16 de febrero de 1918.
Archivo histórico UNAM, fondo Gildardo Magaña. En La Guerra Zapatista
1916-1919, Francisco Pineda Gómez, Ediciones Era, México, 2019, Pág. 64.
Sin embargo, el
capitalismo, aunque pareciera que agoniza (igual que en aquel entonces), sigue
pataleando, entra en un dilema entre cuidar la salud de la población y el
paralizar o no la economía. Si la gente no trabaja, se detiene la producción de
mercancías y ¿la ganancia…? Por eso, los empresarios necesitan que la gente
salga a trabajar, aún a sabiendas que pone en riesgo la salud. Primero están
sus ganancias, y el virus del COVID-19, hace que ésta contradicción se
visualice. No hay que dejar de observarla. Al “Quédate en casa”, se opone el “Regresen
a trabajar.”
Nosotras, nosotros, desde la Casa de todas y todos… aún en medio de la pandemia, vemos que es necesario no dejar de ver el lado histórico y realista de la historia, de nuestro país y del mundo. No perder de vista cómo el imperialismo, fiel a sus convicciones de rapiña y despojo, aprovecha éstas situaciones para no dejar de “golpear” a países como Venezuela, Cuba o Irán y que por lo mismo, mientras exista el imperialismo, no podemos dejar de ser pensantes, de continuar organizándonos, no hemos dejado de luchar y por lo tanto debemos continuar Viviendo por la Patria o Morir por la Libertad.
Grupo Editorial de la
Casa de Todas y Todos.
“Sólo quien ama con pasión a su pueblo, puede odiar con la misma intensidad a quien le oprime: el imperialismo”.
Abril del 2020 es uno diferente a otros, tanto en México, nuestro país, como en el mundo entero. Vivimos el forzoso cambio de nuestra cotidianidad, nos vemos obligadas y obligados en adaptar formas de convivencia que no son las nuestras: vemos calles vacías, medios de transporte tan desabastecidos como los almacenes de abarrotes y víveres, histeria dentro de los hospitales; estamos limitadas de abrazar o dar la mano a nuestras amigas y conocidas; debemos abstenernos de nuestras reuniones para platicar o para celebrar cualquier acontecimiento pretexto para convivir, quienes pueden pagarlo, salen con cubrebocas y antibacteriales. Nos preguntamos: ¿La ficción rebasa a la realidad o la realidad rebasa la ficción?
Dentro de este
cuestionamiento, retomamos a Nestor Kohan, reflexionando sobre los contextos
inesperados: “¿Tendrán
por fin razón los preconizadores del “fin del trabajo” (Jeremy
Rifkin), el “agotamiento de la política” (Daniel Bell), el ocaso de
los “grandes relatos” (Jean-François Lyotard), el “fin de la
historia” (Francis Fukuyama), la opacidad de la
“forma-sindicato” (Toni Negri)? ¿Habremos llegado acaso al fin del
capitalismo senil?”. Estás, son
preguntas, hacia las que aún no tenemos respuesta.
Sin
embargo, permanecemos nosotras y nosotros con perseverancia, como lo hemos
hecho por 50 años: resistiendo. Por eso, no dejaremos de escribir nuestras
efemérides para recordar a los compañeros y compañeras que nos dejaron
principios éticos y morales irrenunciables, ni de expresar la opinión de
compañeros que, aspirando a la colectividad, participan en el Grupo Editorial
con sus aportaciones.
En abril, conmemoramos el nacimiento de los compañeros Ricardo y Fidelino, quienes forman parte de la Lista de Ocosingo; además, del de la compañera Soledad, quien a los 24 años fue asesinada por el Ejército Federal en San Miguel Nepantla en 1974. Ella fue de las primeras compañeras en incorporarse como militantes profesionales a la organización madre Fuerzas de Liberación Nacional. Para recordarla, extraemos una semblanza del compañero Mario: “Porque para ella la revolución era sinónimo de amar. Sólo quien ama con pasión a su pueblo puede odiar con la misma intensidad a quien le oprime: el imperialismo. Amaba sobre todo a los niños, como si fueran propios…” [http://casadetodasytodos.org/editorial/abril-soledad-ricardo-y-fidelino/].
Abril es también el mes en que oficialmente se celebra el Día del Niño conmemorado en México cada 30 de abril desde el año 1924; instituido por la Organización de Naciones Unidas después de la Declaración de Ginebra en la se reconocieron por primera vez los derechos del niño (y las niñas, apuntamos); sin embargo, la aparición de la niñez en la Constitución se ha convertido en una celebración sin arraigo, ni repercusión, carente de historia. Este día ha sido tomado por la mercadotecnia desmedida legitimándola como una celebración que se vuelve de consumo “obligatorio” a nivel nacional desde las escuelas, iglesias, instituciones e industrias que, oportunistas, se suman a las fechas registradas en el calendario publicitario para servir al mercado de la desigualdad, mercantilizando una etapa del desarrollo para reducirla al del consumo.
Ante
esto, nosotras mostramos otras preocupaciones sobre la infancia, la infancia
que crece hoy y que hereda las consecuencias de una sociedad de consumo que
conocemos bajo el imperio neoliberal, un mundo en el cual un 1% de la
población, integrada por dirigentes políticos, desde el Estado, la monarquía,
la iglesia, deciden el destino de la clase trabajadora, ejecutando políticas de
exterminio, dando prioridad a mantener la producción económica por encima de la
vida humana; lejos de la opulencia comercial que pueda significar, vemos los
niños y las niñas como humanos en desarrollo, conscientes de su entorno. Para
ello nos apoyamos en J.R. Ubieto con lo siguiente:
“La infancia no es un momento
cronológico, sino un tiempo lógico tal como mostró el psicoanalista Jacques
Lacan (1971). La infancia es un primer tiempo para mirar, un tiempo abierto a
lo inacabado, a lo que está por venir y por construir. Un tiempo también para
fracasar y aprender de los tropiezos. Un tiempo para las sorpresas y la
curiosidad. El saber que allí se explora, incluido por supuesto el saber sobre
el sexo, tiempo habrá de ponerlo a prueba más tarde, en el «despertar de la
primavera». Es un momento lógico necesario, decía también Freud (1981), para
formar aquellos síntomas y defensas, como el pudor, la vergüenza, los ideales,
con los que hacer frente a ese real que constituye lo más íntimo y propio de
cada uno. Es el tiempo en el que la sexualidad y la muerte se viven pero
necesitan ciertos velos antes de abordarlas directamente. Por eso no se puede
eliminar ese tiempo de latencia, en el que cada uno y cada una vamos
construyendo lo que será después nuestro modo singular de estar en el mundo.” (2018; p.65).
Si las sociedades
capitalistas, bajo la cortina parental de la protección y de la vigilancia, son
el ejemplo tangible de la destrucción de los sistemas de protección social y
las garantías individuales, les ofrecemos nuestra nula confianza. Creemos que
han convertido las luchas de los derechos sociales ─como derechos laborales
para los y las obreras del mundo, la reducción de horas laborales y la
eliminación del trabajo infantil- en exigencias mancilladas por las políticas
neoliberales dentro del capitalismo mundial.
La visibilidad de
las infancias frente a un mundo desigual tuvo
presencia desde el S. XVIII a partir de las sociedad industriales en las
que niñas y niños fueron sometidos y controlados -como en muchas partes lo siguen
siendo- para la satisfacción del capital ya sea desde el manejo de máquinas,
limpieza, servidumbre, entre otras. Y como bien dice Coriat (2008), estas
imposiciones forman parte de “las
primeras políticas burguesas sistemáticas de administración de la fuerza de
trabajo”. Así se legitimó la desigualdad de la niñez quienes, junto a la
figura de la madre, forman el núcleo invisible del sistema, pasando como
figuras desapercibidas cultural y socialmente por medio del control, el
sometimiento y la desmedida explotación.
La imposición
dominante de la explotación y el utilitarismo al que se exponen las infancias
en realidades inhumanas de inequidad e injusticia social, han seguido el patrón
de convertir cuanto sea posible en mercancía, como el amor, el juego, la
recreación y especialmente lo que nos interesa en esta editorial, la
reproducción social; ya que consideramos que desde el nacimiento mujeres y
hombres, son convertidos en dóciles y homogéneos reproductores de la dominación
capitalista y patriarcal.
Para el sistema de
producción capitalista, toda etapa es importante para ideologizar a la
población y asignar la división sexual de los trabajos, de ello es evidencia la
distribución de las tareas de la vida cotidiana en roles, basta con pararse en
una tienda de juguetes para analizar el destino que desean para la infancia:
las niñas son el blanco de los productos que normalizan la idea de la
maternidad como único destino para las mujeres, así como las labores de cuidado
y crianza gratuita que esto conlleva, y los niños, en cambio, son educados para
la guerra y la competitividad. Los videojuegos, por ejemplo, normalizan la
concepción de que el ejército (estadounidense, generalmente) no solo es el
“bueno” sino que es con quien hay que organizarse para combatir. Bajo la mirada
imperialista, es desde la infancia que se edifica al soldado.
Dentro de la
modernidad se intenta que domine un aprendizaje normalizado y sistematizado
para los intereses de grupos de élite, políticos y económicos: aunado a la otra realidad reducida para las
infancias como la sobreprotección y la normalización de comportamientos y
modelos de hogar o familia que difícilmente pueden ser adoptados por las clases
obreras y trabajadora de servicios.
El reclamo de las y los que soñamos con las infancias no controladas es que erradiquemos la idea de un único plan para las niñas y los niños, y que formemos, a través del acompañamiento para la subsistencia en la vida, se incluya el vínculo de la palabra y la conversación. Fomentamos así, un acompañamiento diferente que nos haga responsables a todas las personas de una crianza colectiva, con el objetivo de que, al salir de la infancia y hacerse mayores, sean personas responsables, sin la tentación del parasitismo (dependencia objetos), la inhibición (saber, trabajo) o la violencia (auto/hétero).
El infante es,
cuando no el presente, la futura clase trabajadora que será oprimida para
sostener el sistema de producción. La práctica capital es considerar la infancia
como fuerza de trabajo en vías de desarrollo, y bajo esa óptica, se encuentra
el otro extremo: la vejez. Quienes ya brindaron su fuerza de trabajo y que
ahora, al no estar insertos en la cadena de productividad, viven el horror de
la “medicina de guerra”. Sobrevive el
que va a continuar con las labores de vida, asistimos con desconcierto a la
crisis sanitaria.
Consideramos criminal la política
que reduce la dignidad humana para valorar un ser humano según su fuerza de
trabajo. Mostramos con un botón que basta para ver al capitalismo en su grotesca
expresión, por si quedara alguna duda, una nota de prensa de un diario español
reza: Multimillonarios de EEUU reclaman
la vuelta al trabajo aunque eso suponga que muera gente – [http://www.eldiario.es//internacional/coronavirus-EEUU_0_1009649972.html]:
“Podemos traer gradualmente de vuelta a esas personas
y ver qué sucede. Algunos enfermarán, algunos incluso puede que mueran, no lo
sé-“
dice uno de ellos. Y continúa, “los multimillonarios norteamericanos con
mucho dinero metido en fondos de inversión lo tienen claro: hay que volver al
trabajo cuanto antes y, si eso supone la pérdida de vidas humanas por el
aumento de contagios, ese es un riesgo que hay que asumir”.
La postura que esta
nota nos muestra, contrasta con los principios internacionalistas de países
como Cuba, que nuevamente brinda una lección moral, ética, social y humana al
mundo entero al enviar sus brigadas de médicos y enfermeras a diferentes países
como a Italia. Precisamente a la ciudad de Lombardía llegaron 52 especialistas
cubanos, tal como antes lo hicieron al apoyar la lucha contra el ébola en
África, el cólera en Haití y en el terremoto que afectó a miles de personas en
Pakistán y también lo hacen en China, en países como Venezuela, Granada,
Nicaragua, Surinam y Jamaica, solo por mencionar algunos.
Si aquellos que son
nuestros representantes, son los mismos que sirven al capital, que profundizan
la brecha de la desigualdad, que usan a los grupos vulnerables para producir
ganancias a su complacencia sin la mínima de ética, están en el lugar
equivocado. Se les reprocha explícitamente su falsa soberanía y se niega su
falso paternalismo protector. La crisis sanitaria actual hace visible la
división de clases y las políticas de exterminio de los grupos políticos en el
mundo. Los parques y las escuelas lucen como territorios fantasmas, no se mira
la ternura de la infancia en ningún lado.
La vulnerabilidad de la vida, en todas las
etapas de desarrollo del ser humano, nos pone ante la urgente necesidad de
volver a considerar los paradigmas bajo los cuales nos organizamos como
sociedad.
CORIAT, Benjamin.
El taller y el cronómetro. Ensayo sobre el taylorismo, el fordismo y la producción
en masa. 14a ed. México: Siglo XXI, 2005. ISBN 968-23-1571-9.
Ubieto, J. R.
(2019). Los malestares actuales de las infancias. Revista Catalana de
Pedagogia, 63-87.
8 de marzo… Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
La historia se ha hecho con
fuerza y desde abajo, por eso es importante reivindicar desde la memoria; el 8
de marzo de 1857, miles de mujeres trabajadoras textiles salieron a las calles
de la ciudad de Nueva York con el lema “Pan y Rosas” protestando por la
miseria en la que sobrevivían y para exigir mejores condiciones laborales,
reivindicar el recorte de horario de trabajo y demandar el fin del trabajo
infantil.
Medio siglo después, el 25 de marzo de 1911,
hubo un incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist, fallecieron 146
personas, 123 mujeres y 23 hombres, la mayoría jóvenes inmigrantes de entre 14
y 23 años. No pudieron salir del centro de trabajo, porque estaban
cerradas todas las puertas de salida,
los patrones temían “el robo” de la mercancía por parte de los empleados.
En 1910 se realiza la 2ª Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, Dinamarca, asistieron más de 100 mujeres de 17 países y se proclama el Día Internacional de la Mujer Trabajadora para reivindicar la memoria de lucha de las mujeres por su emancipación.
No
hay duda de que la fecha 8 de marzo, viene del dolor y la rabia de mujeres que
perdieron la vida, y es un deber recordarlas por su valentía para salir y
protestar. Las mujeres, han hecho valer su voz y han protestado para
transformar la historia.
Recordemos también la lucha por el derecho a votar, el derecho a ocupar cargos públicos, a trabajar, derecho a la formación profesional y a la no discriminación laboral, pues la mujer, por el sólo hecho de ser mujer, no aparecía, no existía en las acciones de la vida pública. Para ser parte de la historia, las mujeres han luchado.
En 1908, mujeres trabajadoras inglesas adoptaron como color el morado como signo de reivindicación, el color de la resistencia a los embates de las estructuras de explotación patriarcal y colonialista.
Entonces, no hay duda que
las mujeres tienen un pasado de lucha emancipador, un pasado de lucha de clase
y contra una estructura de élite, una lucha contra el poder económico y
político que ataca las condiciones de vida de la clase trabajadora, por siglos
las mujeres han sido las explotadas por los explotados, es decir, el eslabón
más vulnerado en la cadena de explotación capitalista.
La lucha por la igualdad de derechos entre
hombres y mujeres, por una jornada laboral reducida a 10 horas y digna, por
salarios mayores y en igualdad al de los obreros, por el rechazo a la
explotación infantil y por la unión de trabajadoras para la conformación de
sindicatos, fueron algunas exigencias llevadas por las mujeres obreras, incluso
a costa de su propia vida. Justamente la lucha de la mujer se da, en el auge
del crecimiento industrial, de la expansión de capitales y de la consolidación
de la clase burguesa. Por eso consideramos fundamental no perder el continuo de
la memoria histórica, para no olvidar que tras cada paso que se avanza de
manera colectiva en la lucha feminista, tiene tras de sí el digno sacrificio de
las compañeras de la clase trabajadora.
Sus convicciones y organización ejemplar nos han legado la conciencia de lucha. Las mujeres somos reconocidas como sujetas de derechos, ejercimos (a costa de todo un aparato de poder) el poder votar y ser votadas, usar pantalón, trabajar, estudiar, heredar, leer los libros que sean, amamantar en público, casarte con quien quieras o no, ser deportistas, etc, y todo gracias a las luchas feministas.
No se puede decir que nada
ha cambiado, aún falta mucho camino y dignidad, pero los ejemplos de mujeres indómitas
han marcado los caminos hacia la transformación:
Madres de Desaparecidxs, Madres de Plaza de Mayo, Madres de los 43 Normalistas de Ayotzinapa, Las Patronas, Las Sufragistas, Mujeres por el Derecho a Decidir, Viudas de Pasta de Conchos, Las Panteras Negras, Viudas de Sartaguda, Feministas Comunitarias, Comité Eureka, Mujeres Palestinas, Mujeres Kurdas, y demás ejemplos que falta mencionar y que seguirán gestándose.
La situación actual de las
mujeres continúa teniendo condiciones de explotación, precarización, división
sexual del trabajo, y también vive en
medio de un ambiente de violencia machista desde los hogares, hasta cualquier
lugar del espacio público.
La división sexual del
trabajo, ha relegado a las mujeres a las
tareas domésticas y a las labores del cuidado y la crianza bajo una concepción
de “naturalidad” en México. (Es común escuchar la frase “las mujeres a la
cocina”).
Los datos del INEGI en 2018, detallan que del total
de tiempo destinado al trabajo en el hogar no remunerado, fue realizado
mayoritariamente por mujeres, con un 77%, frente a un 23% representado por los
hombres.
Y la presencia creciente de las mujeres en la
espacio laboral remunerado fuera de su hogar, representa una Tasa de Trabajo
Asalariado en México, de un 43.7% frente a 56.6% que representan los hombres.
Es decir, se sitúa en una posición marginada a las mujeres padeciendo una doble
exclusión y explotación, dentro y fuera de los hogares.
La mujer, al realizar trabajo de cuidado y del
hogar, regala su fuerza de trabajo no a su pareja/marido/padre/familia, sino al
patrón(a). Porque el trabajador remunerado reproduce fuerza de trabajo mediante
la creación de mercancías, que serán intercambiadas en el campo económico,
mientras que quien está a cargo de los trabajos del hogar y de los cuidados sin
remuneración, con su trabajo repone diariamente gran parte de la fuerza de
trabajo de toda la clase trabajadora.
El tiempo dedicado al trabajo de los cuidados y el
hogar por parte de las mujeres, tiene impacto en su materialización económica,
ya que genera plusvalor, acumulación de capital, es decir ganancias monetarias
para el burgués, representando el 23.4% del PIB del México.
Del mismo modo la situación
de marginalidad de las trabajadoras del hogar en México que son remuneradas,
pero que carecen de derechos que dignifican a cualquier persona: pensión,
retiro, horario laboral digno, capacidad de convivir con sus familiares,
educarse, tener derecho al ocio, indemnización, vacaciones, aguinaldo,
seguridad social, etc. Las trabajadoras de los hogares (propios y ajenos) han
resistido las condiciones más injustas del poder neoliberal, la explotación, y
escuchar la frase: “es como de la familia” por parte de los empleadores, no
representa más que una ritual sin ningún sustento material, legal y ético.
Es por ello, que a causa de
la resistencia y valor de las trabajadoras de los hogares, se conformó en 2016 el
Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (SINACTRAHO) https://sinactraho.org.mx/conocenos/. Buscando la defensa de
sus derechos humanos laborales, la no violencia, no discriminación por sexo,
género, raza, color de piel y de religión, la equidad, el valor social y
económico del trabajo del hogar remunerado, y seguridad social para el
mejoramiento de la calidad de vida de trabajadores y trabajadoras del hogar en
México. De esa manera visibilizar y alcanzar derechos que pertenecen a las
trabajadoras del hogar.
El salario ha organizado a
la sociedad capitalista, permitiendo crear condiciones jerarquías de género y
clase, porque al no ser reconocido económicamente el trabajo de las mujeres, el
capitalismo le dota de poder a los hombres, generando un control respecto a las
mujeres (Federici, 2018).
La explotación bajo el
sistema capitalista ha orillado a las mujeres a la esclavitud de la doble
jornada, derivado del costo elevado de la vida en el neoliberalismo. Obliga a
las mujeres a en un trabajo remunerado (salario para subsistir), mientras y al
llegar a casa, invierten su esfuerzo en las tareas de orden, limpieza, crianza
y cuidado. Esta es una división
patriarcal, según la cual el patriarca tiene la capacidad y el deber de
desenvolverse en el ámbito público, mientras las mujeres continúan en las
tareas invisibles e inagotables de la vida en el hogar, en el cual además son
violentadas desde la infancia, la mayoría de las ocasiones por sus propios
familiares o personas cercanas, asunto que continua hasta la vida adulta, porque son las parejas
amorosas quienes más violentan a las compañeras, como si por el hecho de ser
mujer sea sinónimo de ser propiedad anexa al servicio del hombre, del patrón.
Además de vivir en un lugar inseguro, se han construido “valores
femeninos”, que sostiene la idea de la familia, la maternidad y la dinámica de
acción al servicio de los demás, generalmente aprendidos en los procesos de
socialización sexista y clasista, teniendo consecuencias sociales, políticas y
económicas.
Las mujeres en el siglo XXI, así como las que antecedieron la lucha feminista siglos atrás desde los centros de explotación, desde la marginalidad de los hogares, seguimos demandando condiciones dignas de vida y la libertad de todos los pueblos, es necesario una transformación radical de las estructuras de género y clase.
El 8 de marzo, es el día de
la mujer trabajadora. Así como antaño las mujeres escogieron el morado como
color reivindicativo, en la actualidad el verde, reivindica el legítimo derecho
que tienen las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Sobre territorio y su tiempo.
Es importante no permitir que ninguna
estructura de poder, robe a las mujeres trabajadoras su bandera de lucha, es
indignante que quienes nunca han apoyado a la libertad de la mujer de decidir,
ahora se manifieste a favor de la lucha feminista.
Nos queda claro que ni la iglesia, ni la derecha, ni los partidos políticos, ni las instituciones, ni los empresarios, ni los patrones, ni los gobiernos neoliberales, nunca, ningún fascista ¡JAMÁS! podrán ser aliados ni mucho menos voceros de un grito que tiene eco desde hace años por el feminismo, porque no hay lucha más antisistémica que el feminismo.
Cada 8 de marzo recae en la
consciencia de las mujeres un llamado a la dignidad de la vida, a la libertad
plena para ejercer nuestros derechos y a un combate incesante contra el
capital.
Frente
a todos los agravios las mujeres desarrollamos todas las luchas, y todos
nuestros esfuerzos, siempre por la unidad, por una lucha combativa que forme
consciencia de clase.
¡MUJERES DEL MUNDO UNIDAS!
EFEMERIDES
En Marzo,
recordamos a la compañera Anita, quien consagró su vida a las causas de la
liberación de los pueblos, a la compañera Lucha, en sus innumerables facetas,
Lucha haciendo cuentas, Lucha cuidando animales, Lucha visitando obreros, Lucha
platicando con la vecina, Lucha enseñando, Lucha regañando, Lucha
protestando… pues también lo hacía.
También recordamos al compañero Alfredo, formador moral de muchos compañeros a través de su ejemplo y dejándonos importantes lecciones de ética revolucionaria al escribir los comunicados emitidos desde las montañas del sureste mexicano, enseñándonos en todos y cada uno de ellos, la importancia del compañerismo, de la crítica franca y oportuna y de la autocrítica; lo importante de la disciplina, discreción, de ser buenas militantes para formarnos como tales y sembrar en nuestros corazones, hasta morir si es preciso, la digna semilla del …
“¡Vivir por la Patria!” o “¡Morir por la Libertad!”.
Referencias
INEGI, (2020).
Trabajo No Remunerado de los Hogares. Retrieved 28 February 2020, from
https://www.inegi.org.mx/temas/tnrh/
Federici,
S., Catalán Altuna, M., Fernández Guervós, C., & Martín Ponz, P.
(2018). El patriarcado del salario.
¡Justicia y dignidad para los obreros del mundo!.
La lucha por la dignidad y la recuperación de los cuerpos de 63 mineros, es una exigencia histórica para el pueblo mexicano. Como Casa de todas y todos, respetamos la digna resistencia de las familias y trabajadores. Es por ello, que La Casa de Todas y Todos, presentó el pasado 8 de febrero en La Casa Colectiva la exposición fotográfica: “XIV Aniversario de la explosión de la mina 8 en Pasta de Conchos”, y el miércoles 12 de febrero en la Facultad de Ciencias Políticas de la UANL, donde además se llevó a cabo una conferencia con testimonios de familiares.
El próximo 19 de febrero del 2020, se cumplirán 14 años de la tragedia de Pasta de Conchos en la mina 8 y con 12 años (28 de septiembre del 2008) de iniciado el rescate independiente cuando las Viudas y Familiares de los 63 mineros atrapados de Pasta de Conchos.
Por ello, Viudas y Familiares de los 63 mineros atrapados de Pasta de Conchos, organizaciones políticas independientes y organizaciones sindicales, invitan a solidarizarse a todos los sectores de la sociedad, para acudir al campamento “Susanita Gómez” el día 18 de febrero, y el 19 de febrero a las 10:00 am a participar en la marcha donde se exige !JUSTICIA y DIGNIDAD! a los familiares y trabajadores obreros.