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Doña Rosario: nuestro apoyo, nuestro ejemplo…

Nos enteramos con tristeza del fallecimiento de Doña Rosario Ibarra de Piedra, compañera incansable en la búsqueda de las y los desaparecidos políticos en nuestro país, entre quienes se encuentra su querido hijo Jesús; y los compañeros de la lista de Ocosingo, pertenecientes a las recién fundadas, en ese entonces, Fuerzas de Liberación Nacional. Fue de las primeras voces que se levantaron para exigir a los gobiernos corruptos cesara la persecución de tantos y tantos jóvenes asesinados o desaparecidos.

Fundadora del Comité Eureka, fue una guía y un ejemplo de lucha. Sin importar el espacio que ocupara, trabajó con entereza y cabalidad en su esfuerzo por transformar nuestro México. Lo hizo como candidata presidencial, lo hizo como senadora, pero más allá de esos cargos o responsabilidades, lo hizo cotidianamente, como mujer y madre mexicana. Parafraseando a Salvador Díaz Mirón, Doña Rosario decía en relación a algunos trabajos que tuvo que hacer: «Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan… ¡mi plumaje es de esos!»; su meta primordial fue la búsqueda de los muchachos, como ella les llamaba.

Valiente siempre, comprendió que la búsqueda de su hijo -y de sus miles de compañeras y compañeros desaparecidos- implicaba la necesaria transformación del Estado mexicano; no retrocedió nunca, y ningún gobierno -ni el actual, ni los anteriores- resolvió la pregunta que sigue pendiente: ¿ en dónde están?: las desaparecidas, los desaparecidos, las historias, las pérdidas, se acumulan.

Nunca quiso medallas, nunca quiso reconocimientos, le motivaba el interés de la búsqueda y de la lucha en su día a día.

La necesidad de transformar nuestro dolido país sigue palpitando, más aún ahora que ha vuelto a la tierra esta incansable compañera. ¡Hasta siempre Doña Rosario!.

¡VIVOS LOS LLEVARON! ¡VIVOS LOS QUEREMOS!

*Tomado de Cuadernos de Trabajo I, de la serie “Dignificar la historia”

Grupo Editorial de La Casa de Todas y Todos