
Septiembre es un mes especial, pues en él encontramos recordatorios y acontecimientos que nos llaman a la reflexión y al análisis histórico, los cuales invitan a no perdernos en la algarabía de los colores patrios, los anuncios comerciales o el llamado al festejo por la independencia, acompañado de todos los grupos musicales que nos invitan a la celebración popular. Los acontecimientos del mes nos dan una lección de luchas y resistencias de los pueblos.
En septiembre se celebra el inicio y la consumación de la independencia de España, cierto, pero no podemos olvidar la lección que nos da el 15 de septiembre de 1847, cuando ondeaba la bandera de Estados Unidos en el Castillo de Chapultepec, que en ese momento era lo que hoy representa el Palacio Nacional. No debemos entregar las derrotas ni a la desmemoria ni al olvido. Es muy importante conocerlas y valorar lo que fueron capaces de hacer quienes lucharon y entregaron su vida por nuestra Patria.
Las derrotas dejan enseñanzas. Lo sucedido en 1847 le costó a nuestro pueblo la entrega del 40 por ciento del territorio nacional a los Estados Unidos. Además de perder el territorio de lo que hoy son los estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México y Texas, así como regiones de Arizona, Colorado, Wyoming, Oklahoma y Kansas, murieron cuatro mil civiles y más de 25 mil soldados caídos o heridos. Y aún así, no se pudo detener la ambición expansionista del imperio, cuya voracidad sin límite le es implícita desde hace cientos de años.
Personalidades en la historia y acontecimientos sucedidos en septiembre nos dejan grandes enseñanzas en su paso por el tiempo. Así encontramos el nacimiento de Ricardo Flores Magón, precursor de la Revolución Mexicana; recordamos al presidente Salvador Allende, asesinado en 1973 durante el golpe de Estado orquestado por el traidor general Augusto Pinochet, apoyado por acciones encubiertas de la CIA para desestabilizar su gobierno.

Nos siguen faltando 43 desaparecidos de la Escuela Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero. Sus padres y la sociedad mexicana siguen a la espera de verdad y justicia, pues ¡vivos los llevaron! ¡vivos los queremos!

Y una enseñanza más: Ciudad Madera, 1965. Arturo y Emilio Gámiz (hermanos), Salomón Gaytán, Pablo Gómez, Miguel Quiñonez, Oscar Sandoval, Florencio Lugo, Rafael Martínez Valdivia, Antonio y Lupito Scobell (hermanos), y otros más.
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A nivel interno es nuestra obligación recordar a la compañera María Luisa, asesinada en Nepantla por el Ejército Federal, así como al compañero Mario (Grande), quien nos enseñó con su vida que “Nada es gratuito en la historia”, y que: “El revolucionario no es suicida ni ama a la muerte. El revolucionario aspira a vivir para transformar las condiciones de vida miserable de su pueblo y, si para lograrlo es necesario entregar la existencia, gustoso la da para que el pueblo siga viviendo.”
(Cuaderno de Trabajo “Dignificar la Historia” III. Cruce de caminos: luchas indígenas y las Fuerzas de Liberación Nacional (1977-1983), p. 88.)

Recordamos con respeto y cariño a inolvidables compañeros como lo fue Hernán, gran organizador —junto a otras compañeras y compañeros— de los talleres de impresión de materiales en diferentes momentos del proceso revolucionario. Y por supuesto, a nuestra compañera Lucha, primera mujer en integrarse como profesional a las filas de las FLN en momentos muy difíciles de persecución política. Su carácter de acero inoxidable, siempre acompañado de su dosis de ternura y amor hacia sus compañeros y hacia la organización política, inyectaba el ánimo necesarísimo para seguir adelante.


También recordamos a dos compañeros colaboradores que aportaron con su apoyo y ayuda no solo a las FLN, sino a muchas personas y organizaciones: el doctor Francisco Pineda, siempre preocupado porque el pueblo de México recupere la memoria de la lucha social de la que es y ha sido siempre sujeto activo; y al compañero Nicolás (Sebastián Liera), actor, director y profesor de teatro mexicano, que también nos acompañó por algunos años, poniendo su granito de arena en los trabajos que se le encomendaban.
Como se desprende de todo lo anterior, los hechos concretos y la suma de voluntades para hacer algo “por nuestro país” logran conformar sujetos colectivos, forman organización. La suma de quienes claman por equidad, justicia, libertad e igualdad es posible. Y vienen a tono las palabras del compañero C.I. Germán en su artículo para la Revista Rebeldía 3 en el año 2003, que habla sobre los orígenes de la mística militante:
El actuar de los compañeros que nos antecedieron logró conformar un movimiento social que, sin lugar a duda, imprimió un contenido ético a la lucha de liberación. Este movimiento propuso revolucionar primero las conciencias, incrementar su mística militante, sin importar el tiempo que llevase hacerlo, ni las privaciones y sacrificios que fuesen necesarios; privilegió el trabajo político sobre cualquier otro; descartó el uso de la fuerza para obtener recursos y organizó la vida de los rebeldes insurgentes y de los pueblos que los apoyan con una nueva moral.
Y sigue la cita:
“La obra de militantes que en alguna época de esos años colaboraron con sus ideas para transformar a México siguen constituyendo pruebas de un delito, so pena de persecución y muerte. A quienes lo afronten, nuestro abrazo fraterno y agradecimiento por mantener en silencio nuestra consigna. Para quienes ofrendaron su vida en desiguales combates, ante un enemigo infinitamente superior en número pero inferior en moral, por su generoso y heroico sacrificio, nuestro cariño y respeto eterno.”











