Posted On 10 abril, 2026 By In Memoria, Nacional, Portada With 18 Views

Resuenan hasta hoy demandas zapatistas: “La tierra es de quien la trabaja”

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“Es preciso no olvidar que… la emancipación

del obrero no puede lograrse si no se realiza

a la vez la liberación del campesino. De no ser así,

la burguesía podrá poner estas dos fuerzas

la una frente a la otra…”

Emiliano Zapata

A más de una centuria (107 años) de la emboscada y asesinato del General en jefe del Ejército Libertador del Sur, Emiliano Zapata en la hacienda de Chinameca, Morelos, sigue aún vigente la lucha por justicia, dignidad, tierra y libertad. Frente a la moda posmodernista que inventa un “común de la tierra” para negar la identidad y la lucha clases, se mantiene más presente que nunca el principio zapatista de la tierra es de quien la trabaja”. Esta frase sintetiza la lucha por la devolución de tierras, montes y aguas para los campesinos y rescata la demanda por la justicia social y el reparto agrario.

Mucho se ha escrito sobre el zapatismo y su papel en la revolución de 1910, sobre la rebelión de los pueblos ante la explotación en las haciendas porfiristas, y sobre su enorme capacidad de organización. El Estado de Morelos fue el epicentro de una revolución que sacudió a todo el país, y junto al movimiento villista en el norte, encauzó la rebeldía de millones de mexicanos sometidos a una tiranía aliada a los intereses imperialistas y de la burguesía nacional.

Hoy el ideario zapatista se mantiene en la lucha por la dignidad de los trabajadores del campo, en las fábricas, hospitales, escuelas, talleres, costas, más allá de las fronteras, en los pueblos que resisten el acoso, la agresión, la calumnia, la violencia y en discursos que fragmentan cuerpos y mentalidades.

Aunque en un contexto diferente y más complejo, sigue siendo válida la visión de Zapata sobre el México de aquellos años: “por un lado, el pueblo mexicano honrado, la decisión de alcanzar la causa justa en que se empeñó la vida; por otro, el enriquecimiento y la farsa ridícula de los indignos y despreciables”.

ANTIMPERIALISTA E INTERNACIONALISTA

La historiografía oficial oculta la visión antimperialista e internacionalista del jefe del Ejército Libertador del Sur, que queda reflejada en una carta enviada a Jenaro Amezcua en 1918 y publicada el primero de mayo del mismo año en La Habana, Cuba, a escasos meses del triunfo de la Revolución Bolchevique:

“Mucho ganaría la humana justicia si todos los pueblos de nuestra América todas las naciones de la vieja Europa comprendiesen que la causa del México revolucionario y la causa de la Rusia irredenta, son y representan la causa de la humanidad, el interés supremo de todos los pueblos oprimidos…  [Pero] Es preciso no olvidar que… la emancipación del obrero no puede lograrse si no se realiza a la vez la liberación del campesino. De no ser así, la burguesía podrá poner estas dos fuerzas la una frente a la otra… Así lo hicieron en México Francisco Madero, en un principio, y Venustiano Carranza últimamente…”

El Estado difunde también la patraña de que las demandas zapatistas estuvieron limitadas al sur del país, pero la realidad muestra que el ideario de “Tierra y Libertad” era una demanda exigida para todo el territorio nacional, como lo señala el historiador y maestro Francisco Pineda en su ponencia titulada “1911: La Rebelión de los Pueblos y la Unidad”.

La Junta Revolucionaria del Estado de Morelos proclamó el Plan de Ayala con el objetivo de “acabar con la tiranía que nos oprime y redimir a la Patria de las dictaduras que nos imponen”. Zapata llamó a todo el pueblo de México a luchar con ese fin; no convocó solamente a los campesinos ni a los mexicanos del sur del país. Por eso, su voz insurrecta resuena hasta nuestros días. En un acta de 1912 el libertador del sur destacó que la lucha “no es una revolución local, como lo cree el señor Madero… la revolución sintetiza la regeneración de un país oprimido… hace más de cuatro siglos”.

Pineda agrega que la historiografía dominante oculta deliberadamente las batallas victoriosas del pueblo, pues el 24 de noviembre de 1914 el Ejército Libertador del Sur tomó la capital de la República sin apoyo alguno de los villistas, y a mediados de diciembre de ese año, arrebató la ciudad de Puebla a los carrancistas. Aunque los dos acontecimientos estuvieron en las primeras planas de los diarios, “es como si no hubiera pasado nada”, dice.

Lo anterior comprueba que el Estado siempre busca desvirtuar las luchas del pueblo mexicano mediante la tergiversación de la historia, la cooptación, el asesinato, arresto, desaparición y corrupción de líderes. Frente al peligro de una revolución social, el Estado moderniza sus formas de control, cambia de color y se autoproclama de la CuartaTransformación, pero mantiene intacta su naturaleza como aparato de dominación de las clases en el poder.

Sobre éste tema, el maestro agrega: “Como sabemos, las luchas populares se topan con incontables maniobras del poder; entre ellas, la cooptación de los dirigentes a fin de volver a encarrilar las luchas dentro de los márgenes del sistema de dominación; es decir, reparar las rupturas que se han producido con la sublevación. Por eso, la acertada elección de Emiliano Zapata para encabezar al Ejército Libertador también fue un acontecimiento decisivo en el proceso que dio origen a la revolución del sur…”

ZAPATISMO Y ORGANIZACIÓN:

La enseñanza que deja el zapatismo para desarrollar la organización del pueblo es incalculable y aún queda mucho por estudiar y rescatar, destaca Pineda:

“La bola zapatista tuvo un rasgo que será de gran importancia para alcanzar la unidad. No fueron sublevaciones locales fijas, es decir, levantamientos que permanecieran en su propio lugar de origen, a la defensiva y relativamente aislados. Los desplazamientos rebeldes de pueblo en pueblo rompieron las barreras de la división administrativa y ligaron, en la práctica, los anhelos de justicia; al mismo tiempo, esos desplazamientos potenciaron la fuerza de cada sublevación local y, además, las columnas insurrectas se fortalecieron”.

Nosotros reconocemos ese potencial de la experiencia zapatista y su importancia en el proceso de organización del pueblo frente al imperialismo rapaz, criminal y asesino y frente al Estado capitalista mexicano, en un país donde los niveles de marginación, pobreza y abandono del campo se agravan.

“Ahí, en la multiplicidad de articulaciones, radica la potencia de impacto de aquella experiencia revolucionaria y sus enseñanzas. Si la dominación capitalista impone múltiples rupturas a la vida en común; entonces, la posibilidad de comprender aquella gran gesta popular radica en redescubrir las articulaciones dentro de la diversidad territorial y de género, en el campo y en la fábrica, así como a través de las duraciones distintas de los procesos históricos de poder y resistencia”, concluye Pineda.

¡Vivir por la Patria! o ¡Morir por la Libertad!

Grupo Editorial de la Casa de Todas y Todos

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