Posted On 17 marzo, 2022 By In Portada With 625 Views

Comunidades Indígenas y Marxismo

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En continuidad con la serie DOCUMENTOS POLÍTICOS ACTUALES Y FUNDAMENTALES DEL PARTIDO FUERZAS DE LIBERACIÓN NACIONAL, y habiendo publicado ya nuestro IDEARIO POLÍTICO, presentamos ahora este nuevo documento de igual valor “COMUNIDADES INDÍGENAS Y MARXISMO”, documento que se hace necesario como herramienta de análisis frente a la compleja realidad actual.

“No podemos abusar de la generosidad,

 ni traicionar la confianza que los pueblos tienen en nosotros”

Comandante Rodrigo, FLN

(Testimonio oral, 1987).

            En la década de los 70’s y 80’s, analizábamos con nuestros compañeros indígenas del sur, las condiciones materiales y de explotación que vivían. Recién habían dejado (por obra de su lucha y organización) su condición de “peones acasillados”. Habían recuperado la tierra… pero se orillaban a otras y nuevas formas de explotación. De ser acasillados en Fincas, y sin perder la memoria histórica de resistencia, pasaron a ser productores independientes de café, maíz, cacao, frijol, chile, vainilla, o jornaleros en otras fincas cafetaleras que lograron subsistir.

¿Cómo había sido posible esa historia reciente? había que entenderla y explicarla. Había que conocer la historia regional, nacional y mundial, a través del estudio y análisis. Había que entender los nuevos mecanismos de explotación en la producción cafetalera o en la naciente condición de jornaleros en campos agrícolas del norte de nuestro país, o en la condición de albañiles en las construcciones nacientes y continuas del Caribe, o bien, en amplias migraciones forzadas a conseguir algún empleo marginal en las ciudades, o en la exploración y explotación petrolera.

Nuestro método de análisis era y es el marxismo. No había forma más metodológica y clara para comprender la realidad económica; las razones de la riqueza de pocos y la miseria de tantos.

El marxismo fue y es nuestra herramienta de análisis para tomar conciencia de la realidad económica e incidir en ella. Ha sido la herramienta histórica para comprender las contradicciones sociales y las formas del despojo que generan la miseria.

Nuestras casas, las comunidades, las montañas o nuestros campamentos eran sede de un continuo ejercicio de análisis, que se discutía en Tzeltal, en Tzotzil o en Ch’ol, y que se traducía en la interpretación cultural de los pueblos. Desde esta cotidiana práctica se lograba una genuina apropiación de la metodología marxista, y se demostraba su fundamental utilidad.

No abandonamos esta metodología científica (materialista, histórica y dialéctica) porque la historia del sur y del país entero sigue siendo la historia del despojo; de la acumulación primitiva y permanente de capital, desde la conquista, el pasado reciente y la actualidad: ganadería extensiva, explotación maderera, monocultivos de la palma o la caña, despojo del agua, megaproyectos pasados y recientes sobre las mismas condiciones de pobreza; miseria y contaminación de los territorios (suelos, cielos, mares, ríos) por el modo de producción capitalista.

Es indiscutible que este análisis y realidad están presentes en las más de 70 lenguas-idiomas de los pueblos originarios o asiáticos y afrodescendientes de México -muchos de ellos binacionales-, pero, es necesario enmarcarlo en la lucha grande no sólo como problemas locales y temporales sino como parte de la expansión capitalista; enmarcarlo en la lucha de clases planetaria.

Hoy, al despojo silencioso, depredador y escandaloso del subsuelo y la biodiversidad toda -por poderosos intereses nacionales y extranjeros (protegidos por el Estado)- nos sigue demandando métodos científicos de análisis. Los megaproyectos son la expresión actual de la expansión capitalista y la reorganización imperialista de los territorios, donde el Estado capitalista ha sometido identidades y clases sociales para articular Estados serviles a la lógica imperial.

La metodología marxista para el análisis de la realidad económica y sus superestructuras nos ayudó a tomar conciencia de nuestra misma condición de clase, porque no fuimos nunca actores externos privilegiados distintos a los que posteriormente serían el grueso de nuestro ejército en el sur. Nuestra condición y conciencia de clase es la misma. Ayer y hoy.

Transitar de la dinámica de una tienda de raya a la conformación de cooperativas de consumo de productos de primera necesidad y cooperativas o trabajos colectivos productivos o de salud, a la par del crecimiento de la conciencia y trabajos necesarios (ya organizados y en orden a una perspectiva de transformación nacional), no fue un proceso mágico y repentino: fue el resultado diario, de luchas, esfuerzos y vidas.

¿Quién entonces -como ahora- puede juzgar nuestra metodología para comprender la historia y desenmascarar los mecanismos de la acumulación, la miseria económica, la explotación y la necesidad de reorganizarnos? ¿Quién y con qué autoridad moral?

¿Quién puede negar el papel de la llamada “economía campesina o de subsistencia” (fortalecida hoy por los “programas sociales” en menor medida, y por las remesas en mayor medida) en la preparación y reproducción de la fuerza de trabajo de jornaleros / jornaleras agrícolas para ser consumidos en los campos agroexportadores de norte?

¿Quién, para tal análisis, puede prescindir de la metodología marxista?

Así que no es posible desvincular el ser jornalero agrícola en los campos agroexportadores de Sonora, Baja California o Sinaloa, como en amplias zonas de Estados Unidos y Canadá, de la relación  Capital – fuerza de trabajo. 

Como tampoco es posible desvincular, hoy,  la relación entre ser jornalero agrícola y ser jornalero secuestrado y posteriormente asesinado en los mismos campos agroexportadores del norte (luego de extorsionar sobremanera a sus familias). Ambas prácticas se traducen en acumulación de capital y, hoy, no están separadas. Crimen y explotación son parte del mismo modo de producción. Se explota el cuerpo y la fuerza de trabajo material e intelectual.

La metodología marxista ha sido correcta y no trastoca la filosofía de los pueblos originarios; la respeta y complementa en su búsqueda de armonía, respeto a la naturaleza, y justicia.

No somos dogmáticos, como tampoco lo son los pueblos originarios; nuestro partido ha hecho suyo, desde sus más tempranas decisiones como organización, el impulso de los pueblos originarios hacia la organización, la autonomía, la autodeterminación. No sólo es algo que “aceptemos”, es algo que, como partido, hemos impulsado de forma consciente, como un elemento fundamental de nuestro propio desarrollo político.

Y no por ello idealizamos de forma romántica las realidades de los pueblos originarios, ni los alcances verdaderos de sus usos, tradiciones y costumbres comunitarias, hoy mermadas y amenazadas por estrategias bien planeadas. Ese tipo de perspectivas mistifican y exotizan los procesos políticos en su forma histórica concreta, y lejos de respetar a los pueblos, los observan desde una distancia paternalista,  racista, y distante a la realidad.

El papel de la formación marxista que nuestro Partido aportó y aporta al fértil horizonte social de las montañas del sureste mexicano fue y es fundamental para que, desde una comprensión de las causas estructurales, propia de los fundamentos marxistas, los pueblos originarios se tornaran y tornen, nuevamente, y junto a sectores imprescindibles, en protagonistas de la historia.

Es, por lo anterior, que reivindicamos al marxismo como método.

¡Vivir por la Patria o Morir por la Libertad!

Partido Fuerzas de Liberación Nacional

México, enero 2022

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